A propósito del Día del Maestro

Con motivo de celebrar el próximo viernes el Día del Maestro y como homenaje a todos esos educadores y educadoras anónimos que, a pesar de los problemas y dificultades, viven con ilusión y entrega su vocación de servicio, quiero con estas líneas agradecerles su abnegado trabajo, reafirmar la importancia de su misión e insistir en la necesidad de valorarlos más. Ser maestro, educador, es algo más sublime e importante que enseñar matemáticas, biología, computación o inglés. Educar es alumbrar personas libres y solidarias, dar la mano, ofrecer los propios ojos para que los alumnos puedan mirarse en ellos y verse valorados, queridos, importantes. El quehacer del educador es misión y no simplemente profesión. Implica no sólo dedicar horas, sino dedicar alma. Exige no sólo ocupación, sino vocación. El genuino educador está dispuesto no sólo a dar clases, sino a darse, a gastar su vida para que los demás tengan vida en abundancia.  Para leer nota completa, pulse aquí

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